El abonado indiscriminado es una práctica muy común entre agricultores aficionados y profesionales, y sus consecuencias van desde marchitamiento de cultivos hasta degradación irreversible del suelo y contaminación ambiental. Analizamos los errores más habituales y sus soluciones.
El primer error es aplicar dosis excesivas de fertilizante químico. El exceso de sales produce salinización del suelo, deshidrata las raíces y quema las plantas. Muchos productores creen que más abono implica mayor producción, pero el rendimiento tiene un límite nutricional definido.
Segundo error: abonar sin analizar previamente el suelo. Aplicar el mismo fertilizante en todas las parcelas supone agregar nutrientes que ya existen en exceso o no cubrir las carencias reales del terreno. Un análisis anual permite planificar abonados personalizados.
Tercero: usar estiércol sin madurar. Su fermentación libera calor y compuestos tóxicos que dañan las raíces jóvenes, además de propagar semillas de malas hierbas.
Cuarto: abonar en horas de mucho calor o en épocas de sequía extrema. El fertilizante se evapora o se concentra en la superficie del suelo sin ser absorbido, perdiendo eficacia. Lo correcto es abonar al atardecer o antes de un riego moderado.
Corregir estos hábitos reduce costos en insumos, protege el medio ambiente y garantiza cultivos sanos y productivos de forma constante.

¿Necesitas ayuda?
Nuestro equipo está listo para responder cualquier pregunta que pueda tener sobre nuestros productos y servicios.
Contacto
